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viernes, 17 de diciembre de 2010

Del síndrome Avestruz




Del síndrome Avestruz

Nada deja el depredador,
tan sólo una pregunta que solloza imperfecta
cuando las palabras no llevan claves, ni cerrojos,
ni bocas que revientan al apretar gatillos.

Desde la acera del frente, los hombres rata
con su típico discurso de avestruz
entierran la cabeza en su propio funeral de engaños.

Nada tiene la lágrima
tan sólo un dolor acorralado que pugna por escapar
de una situación que lo agobia y liberarse
antes que un sueño de terror le viole la ilusión de una sonrisa.

En encomienda de hombres zombies
algunos nos encomendamos al espíritu del viento
con intención clara de hallar sabiduría.

Nada nos deja el llanto
si acaso, una amargura meditada cual plegaria
por deshacer nudos de almas indignas
con indulgencia, en pro del mundo venidero.

En preciosos tiempos
los amigos nos visitan de continuo,
más cuando llega el duelo, no existen hombros.


Nada deja un muerto en vida
que transita rondando en busca de su amo
y de paso nos siembra impureza en las ramas nobles
porque es negocio suyo llenar infiernos.

La nostalgia que desciende en exclusiva
llenándonos las paredes internas
no es metáfora inventada.

Nada deja el hombre resentido
si acaso el vago recuerdo de un rostro de hielo,
o un manojo vulgar de palabras con espinas
cuando ve la montaña vestirse de vida.


Rossana Arellano
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