Si la boca lisonjera no resbala
yo no quiero ir a casa de mi hermano,
porque el farol del alma se me extingue
y no hay ensayo de cuento
que cambie esta agonía.
Hay perros que vuelven a su vómito
y vientos del norte
que ahuyentan a las lluvias.
Yo he hallado grandeza
en los parpados dormidos de los niños
y en la espalda del hombre que no miente.
Perdón por no hacer reverencias,
ni descender mi barbilla al suelo cuando siegas mis campos.
Tres ancianos comen de mis manos
y a cambio puedo hallar sabiduría.
Te envío a las tinieblas de tu cárcel
donde humean quebrantados pensamientos
hasta que halles tu mano entre las aguas
y tu boca siembre en todos armonía.
Rossana Arellano












1 comentarios:
Me ha encantado este poema, saber elegir es muy importante, ha sido un placer estar aquí. Un abrazo apretadito, Inés
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